La desigualdad viste de sari

Por Baltasar Bayma

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Que las mujeres argentinas hayan podido participar en las elecciones nacionales recién en 1951, que las saudíes puedan elegir cargos municipales sólo desde hace un par de años y que la ley les haya prohibido manejar hasta junio de 2018, que todavía haya estados de Estados Unidos que no aprobaron la enmienda constitucional que consagra iguales derechos a mujeres y varones, que las mujeres asalariadas de todo el mundo cobren en promedio un 16% menos que sus contrapartes varones, que aproximadamente 100 países tengan leyes que prohíban a las mujeres desempeñarse en determinados trabajos, que haya países que no penalicen la violencia de género, que un 46% de las mujeres afganas de 15 a 49 años hayan sido víctimas de violencia física o sexual en 2015: son sólo algunas de las pinceladas que colorean un mundo en el que persiste la desigualdad entre los géneros y la situación de las mujeres indias no es la excepción.

De acuerdo con el economista Amartya Sen, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1998, la desigualdad entre los géneros adopta diferentes formas que se interrelacionan. Una de sus aristas es la desigualdad de oportunidades básicas, entre las que se destaca la dificultad del acceso de las niñas a la escuela. En este sentido, en la India se han registrado avances en los últimos años, impulsados en parte por la sanción de una ley que establece la gratuidad y obligatoriedad de la educación para menores de 6 a 14 años.

Otras de las formas que asume la desigualdad de género, según el economista indio, es la desigualdad de oportunidades especiales, entre las que se encuentra el acceso a la educación superior. Al respecto, resulta significativo mencionar que un 11% de los varones indios han obtenido un título de grado, mientras que esta cifra se reduce al 7% en el caso de las mujeres.

Por otra parte, el nobel sostiene que desigualdad profesional es otra de las facetas de la desigualdad de género, en otras palabras, considera que las mujeres enfrentan mayores obstáculos en el acceso al empleo y en la posibilidad de ascender a mejores puestos. Los datos de la India verifican esta situación, ya que la participación femenina en el mercado laboral cayó del 35% al 27% entre 1997 y 2017. Además, sólo un 9% de las empresas contaban con al menos una mujer en algún puesto de alta gerencia en 2014, lo que da cuenta de la existencia del denominado “techo de cristal”. Para ilustrar cabalmente la situación profesional de las mujeres indias, es necesario mencionar que la brecha salarial asciende al 35%, es decir, las asalariadas indias ganan en promedio un 35% menos que sus pares varones.

La desigualdad en las posesiones es otra de las dimensiones de la desigualdad de género. Amartya Sen afirma que la distribución asimétrica de las propiedades puede debilitar la voz de las mujeres y dificultar el desarrollo de actividades comerciales, económicas y sociales. Este tipo de desigualdad se comprueba en India, donde el 72% de las mujeres no son propietarias de ningún terreno (urbano o rural), mientras que el 50% de los varones posee este tipo de inmueble. Del mismo modo, el 66% de las mujeres carece de vivienda propia; en cambio, un igual porcentaje de los varones es dueño de este tipo de propiedad. Más aún, las mujeres indias sólo participan en la propiedad de un 11% de las empresas.

Asimismo, en resonancia con el economista, la desigualdad en el hogar es otra de las formas que adopta la desigualdad de género y se expresa en el reparto desigual del trabajo no pago. Éste incluye las tareas domésticas de rutina, compras, el cuidado de miembros de la familia (niños y adultos), el cuidado de otras personas, voluntariado, el tiempo de viaje relacionado con tareas domésticas y otras actividades no remuneradas. Este tipo de trabajo es fundamental para la productividad de una economía; sin embargo, no es reconocido ni remunerado. Tampoco es contabilizado en las cuentas nacionales ni se lo incluye en los análisis económicos. En el caso indio, se constata que este tipo de trabajo recae abrumadoramente en las mujeres, lo que contribuye a explicar que la participación femenina en el mercado de trabajo haya disminuido significativamente.

Por último, en estas líneas se han repasado algunas de las dimensiones que asume la desigualdad de género en la India y sólo algunos de sus correspondientes indicadores. No obstante, se trata de un fenómeno más amplio y son incontables los indicadores que dan cuenta de que se trata de una problemática estructural a nivel mundial. Reconocer estas desigualdades y trabajar sobre ellas es imprescindible para construir una sociedad igualitaria.

Fuentes:

  • Central Statistical Organization (2000). Report of the Time Use Survey (New Delhi: Ministry of Statistics and Programme Implementation, Government of India).
  • Gender Statistics, The World Bank.
  • ILO (2018). Global Wage Report 2018/19–What lies behind gender pay gaps.
  • ILO (2018). India Wage Report: Wage policies for decent work and inclusive growth (New Delhi).
  • Sen, A. (2001). The many faces of gender inequality. New republic, 35-39.

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