El recrudecimiento del autoritarismo en Camboya y el fracaso de Naciones Unidas

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El Reino de Camboya es una monarquía constitucional parlamentaria, donde hace 25 años Naciones Unidas llevó a cabo una de las operaciones más importantes para restaurar la democracia y poner fin a dos décadas de guerra civil. A pesar de ello, si bien desde 1993 se realizan elecciones periódicas, los intentos por establecer una democracia consolidada donde se respeten las garantías constitucionales, los derechos y las libertades de las minorías y demás prerrogativas afines, se ha tornado cada vez más difícil. En efecto, el agravante principal tiene que ver con que en las sextas elecciones organizadas en julio de 2018, desde que se restauró la democracia, el Primer Ministro Hun Sen fue reelegido nuevamente, con lo cual se perpetuaría en el poder por más de tres décadas desde que asumió el cargo de facto en 1985. Además, cabe agregar que en estas últimas elecciones el principal partido de oposición estuvo proscripto.

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La democracia en Indonesia, vacilante entre ataques cibernéticos y terroristas y la intolerancia hacia las minorías

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La República de Indonesia, con una población de 260 millones de personas y más de 300 grupos étnicos, constituye la tercera mayor democracia del mundo y la mayor población musulmana del planeta, con cerca de 202,9 millones de creyentes (88% de sus habitantes practican el Islam). Desde su independencia en 1945 se rige por el Pancasila, un sistema filosófico e ideológico que fomenta la tolerancia religiosa, una humanidad justa y civilizada, la unidad, una democracia emanada del pueblo y la justicia social. Sin embargo, el espectro de la creciente intolerancia hacia las minorías religiosas, miembros de la comunidad LGTB y otras colectividades vulnerables, como así también los ataques de una derecha religiosa insurgente, amenazan el éxito democrático de Indonesia.

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Los desafíos de la reconstrucción democrática en Nepal

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La República Federal Democrática de Nepal es un país multiétnico, plurilingüístico y con una población mayoritariamente hindú, emplazado en el Himalaya, al sur de China y al norte de la India, que fue junto con Brunéi, la última monarquía absoluta del mundo hasta 1990. Desde entonces hasta nuestros días, Nepal viene atravesando serias dificultades en su proceso de transición democrática.

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El gatopardismo hindú

por María Victoria Ubeda

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En abril y mayo de 2014, se celebraban en India las elecciones generales registrando un record de participación del 66,3% con 551 millones de votantes. Los resultados arrojaban que el partido opositor Bharatiya Janata (BJP), encabezado por el nacionalista hindú Narendra Modi, había conseguido una victoria histórica en las elecciones generales que concluían después de más de un mes de votaciones.

La Alianza Democrática Nacional que lidera el BJP había logrado más de 330 escaños, superando ampliamente la mayoría absoluta.

El Partido del Congreso, por su lado, ni siquiera lograba el 10% de los escaños. Esta tremenda derrota en las urnas es el reflejo de la pérdida de credibilidad que ha sufrido el partido tras verse involucrado en escándalos de corrupción y a su vez, el modo que han encontrado los votantes para castigar al mismo por la desaceleración económica, la alta inflación y una falta de liderazgo de sus líderes.

El entrante Primer Ministro Narendra Modi- de 63 años, gobernador del estado de Gujarat y antiguo vendedor de té- que se declaraba orgulloso de ser fundamentalista hindú, prometía mejorar el suministro de electricidad, las carreteras y los trenes para reactivar el crecimiento económico, hacer reformas fiscales y laborales, así como facilitar la entrada de la inversión extranjera y crear 10 millones de empleos anuales para el país que en una década sobrepasaría a China como el más poblado del mundo.

Pasado más de un año de su elección, podemos ver como Modi ha dado prioridad a las relaciones internacionales, realizando visitas a una gran cantidad de países y recibiendo a líderes relevantes, con el objetivo de que la India sea percibida como un país serio y un socio económico fiable.

Más allá de la imagen que Modi busca reproducir de la India, la misma sigue mostrando cifras de discriminación y violencia contra las mujeres impropias de un país que aspira a ser percibido como potencia mundial. Evidentemente, las políticas de apoyo a la mujer no parecen ser una prioridad para Narendra Modi.

Los proyectos para afrontar la compleja situación a la que deben hacer frente miles de mujeres en la India, son muchos y muy buenos. Por lo tanto, no estaríamos frente a un problema de falta de propuestas sino de carencia de voluntad política para hacerlas efectivas.

Como bien sabemos, en todo régimen democrático el pueblo gobierna por medio de sus representantes, e India al constituirse como la democracia más grande del planeta, con 813 millones de potenciales electores, no es la excepción. Ahora bien, ¿qué sucede si son los mismos representantes los que reproducen un discurso sexista y discriminador?

Para finalizar brindamos un ejemplo ilustrativo: El pasado 8 de junio, el Primer Ministro indio, Narendra Modi, mientras se encontraba en una visita oficial en el vecino país de Bangladesh realizó una desacertada declaración al decir: “El mundo no ha encontrado aún la solución sobre cómo resolver el problema del terrorismo. Incluso las Naciones Unidas no se encuentran en posiciones de proveer una guía sobre cómo hacerlo. Estoy feliz de que la Primer Ministra de Bangladesh, a pesar de ser una mujer, haya declarado abiertamente su tolerancia cero al terrorismo. Me gustaría agradecer a Sheikh Hasina por su coraje para luchar contra el mismo.”