Género y empleo en el Sudeste Asiático

Por María Clara García

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La igualdad entre los géneros en la participación en el mercado laboral y en la economía de las naciones es un aspecto fundamental del desarrollo económico, la equidad social y la salida de la pobreza.

Sin embargo, las perspectivas de las mujeres en el mundo del trabajo a nivel global distan enormemente de la paridad. La posición femenina es desfavorable en cuanto respecta a la participación en el mercado de trabajo, la desocupación, el empleo informal y la pobreza laboral. Las mujeres, además, tienen más probabilidades de quedar al margen de la legislación laboral y los servicios de seguridad social.

Sin perder de vista estas tendencias globales, es importante atender a las disparidades regionales de estos indicadores. De acuerdo al análisis sobre las tendencias del empleo femenino realizado por la OIT en 2018, es llamativo el hecho de que las menores brechas de género se den en los países en desarrollo, aunque este dato no pueda tomarse como señal de un mercado laboral saludable. Por otro lado, los países emergentes son los que presentan una brecha más amplia, como es el caso de Egipto, Brasil, Turquía e India.

Entre el conjunto de regiones, el Sudeste de Asia resalta por sus inesperados índices en materia de género y empleo. El informe mencionado anteriormente arrojó un porcentaje de 22,8 puntos porcentuales de diferencia sobre la participación de los géneros en el mercado de trabajo (79,4% hombres frente al 56,5% mujeres). Dado que el indicador muestra un promedio del 15,6% para el grupo de países desarrollados y un 30,5% para los países emergentes, el 22,8% del Sudeste Asiático nos indica que la región se encuentra en una posición relativamente positiva por su cercanía a los países desarrollados, quienes detentan las brechas de participación más reducidas.

Por otro lado, si tenemos en cuenta la incidencia del empleo informal en esta región, nos encontramos con elevadas tasas de informalidad. Sin embargo, las mujeres tienen una menor tendencia a la informalidad laboral que los hombres en esta región (65% mujeres frente a 70% hombres).

En general, la participación femenina en el mercado laboral asiático evidencia una tendencia positiva, principalmente porque las tasas de participación femenina han aumentado alrededor del 6% en las últimas tres décadas.

Es interesante destacar que varios países de Asia aumentaron abruptamente (cerca del 12%) estos porcentajes tras la crisis económica asiática de fines de la década del ’90, como es el caso de Singapur. Esto se produjo principalmente debido a las reformas llevadas a cabo por algunos gobiernos, que incluyeron nuevas políticas educativas y laborales favorables a las mujeres y las familias.

Sin embargo, es necesario adentrarse aún más en la región, dado que las disparidades entre los países que conforman el Sudeste Asiático son significativas. El grupo de países cuyas tasas de participación femenina en el mercado laboral ya eran bajas, como los casos de Filipinas e Indonesia, se han estancado. Mientras que otras, que habían sido relativamente altas, han disminuido, como la de Tailandia.

Para comprender estas tendencias es menester el análisis de sus motivos, es decir, dónde y por qué se gestaron estos cambios.

En primer lugar, el ciclo económico afecta directamente al mercado laboral. Las economías asiáticas han experimentado un fuerte crecimiento en los últimos años, factor que contribuyó a la mayor participación laboral femenina. Por otro lado, los cambios más importantes se dieron en el nivel de la estructura económica y las políticas favorables a la familia.

Según un estudio del FMI, el aumento de la importancia del sector de servicios en relación al industrial es una de las principales variables explicativas de la alta participación femenina, seguida por el aumento del nivel educativo.

Respecto a las políticas favorables a las familias, la protección por maternidad, el cuidado infantil, el trabajo de media jornada y la disponibilidad de guarderías es otro factor determinante.

Estas tendencias positivas en la región son de extrema relevancia en cuanto al acercamiento a la paridad de condiciones entre hombres y mujeres, pero también con respecto al desarrollo económico de estos países. Si bien no debemos perder de vistas las grandes diferencias existentes entre los países que conforman esta heterogénea región, se ha constatado que algunos gobiernos están comprometidos con el achicamiento de la brecha de género, lo cual no es sino lógico dado que se estima que la igualdad de género en la región podría incrementar el PIB colectivo anual en un 12%.

El hecho de que las mujeres representen la mitad de la población mundial implica, asimismo, que ellas representan la mitad de su potencial. El desarrollo a largo plazo, por lo tanto, está condicionado por el aprovechamiento de las capacidades de las mujeres. La inclusión femenina es un imperativo del desarrollo.

Finalmente, no hay que olvidar que la región sufre de niveles altos de trabajo forzado y economía informal, y muchos países son núcleos de la trata de personas y la industria del sexo. Aún queda mucho camino por recorrer.

Fuentes:

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